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Dentro de la cadena de supervivencia, la desfibrilación precoz es el eslabón más importante y, realizado de una forma correcta, contribuye sustancialmente a la mejora de los resultados.
La muerte súbita (parada cardiaca) se produce cuando el latido del corazón se detiene de manera repentina e inesperada. Suele estar provocada por una alteración del ritmo cardiaco llamada fibrilación ventricular. Cuando ocurre, la sangre deja de llegar al cerebro, al corazón y al resto del organismo, y la persona sufre un síncope. Si no recibe ningún tratamiento, la muerte se producirá en pocos minutos. Para evitarlo debe administrarse, lo más rápidamente posible, una descarga eléctrica, lo que se consigue con un dispositivo llamado desfibrilador externo semiautomático (DESA). La desfibrilación es la única intervención eficaz que existe para tratar el paro cardíaco.